Mezquina la sábana
que cubrió tu rostro
y arrojó tus párpados al frío.
Me parece escucharte,
en otro idioma,
desde una penumbra distinta,
desde otro lugar.
No habrá cumpleaños,
ni hijos ni sombras despiertas.
Mezquino el viento
que llevó a tus oídos
lejos de mis palabras.
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