La ingenuidad en sus palabras
a quién puede importar.
Si baila, alcanza.
Soy ahora uno de los invitados anónimos
a danzar sobre la geografía
de un territorio
que no parece haber sufrido
la amistad de la luna.
Pero, ¿cuántos de ellos lo han disfrutado tanto?
Gratuitamente
mis ojos suben y bajan.
El suelo, su contorno.
El techo, la palma de sus manos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario