Contemplación
Arrojado a la creación,
burlando un desierto de acciones,
con el llanto como polución
por las noches.
Pero en la soberbia muere la acumulación,
y en el llanto el maldito que,
casi muerto de sed,
bebió de su desdicha.
Sus palabras puras
van cortando al viento.
Sus palabras lluvia
van cortando al viento.
La bastarda y la desconsolada
Observando la pradera
no halló a su madre
regresando de la guerra
de adoquines y maderas.
Mal herida vuelve a casa.
Buscándolos entre el humo
no los vio regresando
hacia sus brazos de Hestia,
hacia el fuego hogareño.
Mal herida vuelve a casa.
Del conurbano, sus señoritas y sus plagas
Volvieron tus preguntas
de rivera y peces muertos,
afiladas en la prisión.
Dime lo que siento.
“Vivís en el pasado”.
Te mintieron tus ancestros.
Pronto se ahogarán todos los pájaros de mi sangre
en la salinidad que me ofreció
tu desvelo apresurado.
De la hiedra y el lamento
te escapaste.
María juega con tus niños.
Humano
Izquierda o derecha
y en el medio la resignación.
Engendrar un hijo
o un sistema filosófico.
Amar lo que nos rodea
o luchar con la razón.
Emerger de las pamemas
o nacer de la pasión.
Todos contenemos esta dualidad
que nos enferma.
Y en el espejo
los reflejos se nos van multiplicando.
Y sobre el suelo
la proyección de nuestras múltiples sombras.
Y ante los demás
una nueva imagen naciendo.
Pero no somos con nadie más
como cuando nos encontramos solos,
solos en la oscuridad.
El fuego de la civilización
les acercó la muerte
a los hombres desnudos.
Enciendan el fuego
usando dos piedras.
La muerte de los profetas místicos será la semilla de la
nueva conciencia
Habla el pretencioso perfumado al antiquísimo profeta:
“Poetas pendencieros te sembraremos la tierra con suspicacia
para mostrar que seguimos en el camino por el cual, esos ciegos, volverán a
creer en los objetos, entendiéndolos como parte de su reflejo.”
Habla el antiquísimo profeta:
“La flor que estamos viendo es nuestra conciencia, es
nuestra esencia, es nuestro sol reflejándose sobre la frustración de los
ingenuos credos que esperan la muerte.”
Habla la miserable y repulsiva nueva ola que reivindica al
antiquísimo profeta:
“El aire me beso. El aire me empujó al tumulto que puede
sentir más porque se pretende más libre. Tengo sustancias dulces, tengo mi
frustración, tengo las manos limpias, perdí todo el pudor. Soy amor, soy sudor,
soy el sol, soy dios de la frustración.”
Habla mi amor que no responde a los estatutos místicos del
antiquísimo profeta:
“Somos sólo cuerpos y mentiras. Somos el odio al alba.
Mírame sin pretender la verdad.
Desnúdate de tus penas. Vuelve a ver sin los ojos, sin
lamento, sin pretender cambiar una imagen sin ensuciarte con el lenguaje.
Vuelve a creer que son fantasmas. Vuelve a creerme que están muertos.”
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