miércoles, 9 de enero de 2013

La que condenó al alemán


La belleza al llegar,
y una mirada expectante.
O soy yo buscando un mensaje,
creando una mentira
para seguir sonriendo
y saludando a los comensales.
Otra vez fui yo
sujetándome de esa soga
que otros llaman miedo.

Diapositivas


Todo lo circunstancial
deja su velo a un costado
y me devuelve el aire que perdí
cuando me dijeron que borre
cualquier referencia

Miasma


Mezquina la sábana
que cubrió tu rostro
y arrojó tus párpados al frío.
Me parece escucharte,
en otro idioma,
desde una penumbra distinta,
desde otro lugar.
No habrá cumpleaños,
ni hijos ni sombras despiertas.
Mezquino el viento
que llevó a tus oídos
lejos de mis palabras.

El antro


Lo que merma con el paso de las horas
no es la belleza
sino los materiales
con los que construyeron la habitación
donde usted la ha tomado prestada,
donde ha pagado el impuesto,
donde nunca dormirá,
donde nadie lo espera
y, sin embargo, volverá.

La gratitud en Florencio Varela


Serpiente pretenciosa,
deja de fumar
y ven aquí nuevamente,
que ya pagué tu último aliento.

Mi moneda es la respuesta
que querés escuchar
y siempre pago justo,
esperando un “gracias por el cambio”.

Veneno, veneno, veneno.
¡Ah, la dicha del antídoto!

Por tu ingenuidad
ya no pagaré con palabras
sino con mi ausencia.

El engaño


En el medio del rebaño
me decía que aquel árbol no existía.
No podríamos subir, entonces.
No podríamos salir del tumulto nunca,
pero tampoco nunca podríamos soltarnos las manos.